jueves, 19 de julio de 2012

De los cultivos de coca y marihuana a la minería informal en Simití

Alfredo Molano Bravo.

Tres horas navegando en una chalupa con un motor de 200 caballos por aguas contaminadas del río Magdalena son necesarias para llegar desde Barrancabermeja hasta Cerro de Burgos. Las orillas del río, amenazadas por las crecientes continuas –y ya imprevistas– son defendidas por muros construidos por Cormagdalena, que llaman estrellas, enormes mariposas de cemento que impiden que las aguas aneguen los cultivos de palma de aceite, la mayoría sembrada después del paso sangriento de los paramiltares por el Magdalena Medio.

Cerro de Burgos fue un matadero de campesinos. Las autodefensas controlaban el paso por este punto hacia la serranía de San Lucas, una gran mina de oro, donde el Eln era fuerte. El Magdalena forma en la región un rosario de ciénagas, una de las cuales es la de Simití, donde a fines del siglo XVI fue fundado uno de los pueblos más bellos y pacíficos del país. La zona urbana está construida sobre tres pequeñas penínsulas; tiene tres plazas, dos iglesias coloniales; sus casas parecen sacadas barrio Getsemaní en Cartagena.

Vive de la pesca. Siempre ha vivido de la pesca, exceptuando una breve fiebre del oro a principios del siglo XIX; oro que se llevaba a Mompox y que podría explicar la joyería en filigrana que ha hecho conocido a este pueblo, otra belleza. Así como Mompox fue el puerto escondido de Cartagena para defenderse de los piratas, Simití fue la retaguardia secreta de Mompox. La agricultura no prosperó. El Prefecto de Mompox, que visitó Simití en 1874, después de la decadencia del oro escribió que durante su estadía todos los alimentos escaseaban con excepción del pescado: “11 días permanecí allí y no se mató ni una res ni un cerdo; el pueblo se mantenía con insípidos peces de la ciénaga y no había yucas ni plátanos ni ñames ni batatas y el maíz a un precio muy elevado”. Quizá así se mantuvo hasta que los mineros de oro de Santa Rosa, o los obreros del petróleo en Cantagallo, se convirtieron en demanda local de bastimento.

Entre hamaqueos vespertinos y agitadas faenas de pesca en las madrugadas, envejecían la parroquia hasta que en 1984 apareció un frente del Eln. Desde los años 70 se oía nombrar la guerrilla, pero sólo fue en este año cuando el cura Manuel Pérez decidió entrar a la región tras el control del oro de Santa Rosa. Después llegaron las Farc, sin duda, tras el mismo objeto. Los enfrentamientos fueron frecuentes hasta un acuerdo sobre el control del territorio.

La marihuana se cultivó desde fines de los setenta y durante poco tiempo. La gente vivía también de la extracción de la madera y cuando las tierras fueron convertidas en potreros, Ecopetrol y el Fondo Ganadero de Santander entregaron a los campesinos ganados al aumento o a utilidad. El sindicato de la USO había firmado una convención colectiva, uno de cuyos puntos fue el de proveer a los obreros de carne. La guerrilla extorsionó a la empresa hasta el punto de quebrar el negocio.

Después llegó la coca, que transformó la vida económica y política de la zona. La agricultura campesina se desplomó. En los pueblos y en los campos sólo había mujeres, todos los hombres se fueron a raspar. Los salarios que se pagaban para trabajar la hoja superaban los jornales conocidos y hasta los soñados. El precio de la remesa se elevo descomunalmente. Quien no cultivaba coca no podía sobreaguar. La coca era la cosecha de maíz, o de arroz o de yuca que cabía en un bolsillo.

Las Auc llegan a la zona en 1998 y se consolida el Bloque Central Bolívar. Esa misma tarde las Auc reunieron al pueblo en la plaza. Las mujeres lloraban. “¿Por qué lloran, les preguntó Gustavo, si todavía no hemos matado a nadie?” El terror fue general. A los hombres los levantaban a las 3 de la mañana, les quitaban las cédulas y los obligaban a limpiar las fincas de los hacendados. A las mujeres les decían que eran mozas de la guerrilla. “Camine que a usted le figura hoy”, amenazaban. Mataban los cerdos sueltos a plena luz del día, se adueñaron del comercio de alimentos, controlaron el tráfico ilegal de combustible, en conclusión se posesionaron de la economía de la región. En el Piñal asesinaron a seis inocentes; en El Colorado a cinco hermanos. Prohibían a los familiares enterrar a sus muertos y, por el contrario, los obligaban a botarlos a los ríos y ciénagas, a muchos se los echaban a los caimanes. Las guerrillas no pudieron hacer frente a los paramilitares sino ocasionalmente.

No obstante, el 23 enero de 1999 cuando los paramilitares hacían un recorrido de rutina en compañía del batallón de contraguerrilla Los Guanes, en las Sabanas de San Luis los atacó las Farc a morterazos, les causaron varias bajas y destruyeron la casa de un campesino que habían ocupado como base. La zona del ataque fue hasta ese momento una sabana colectiva, un ejido, al que tenía acceso toda la comunidad, sobre todo en invierno, cuando las zonas bajas se anegaban. Hoy la sabana ha sido apropiada por terratenientes y sembrada con palma.

Marchas y economía
La verdadera causa del terror paramilitar y militar hay que buscarla en las marchas campesinas que tuvieron lugar en la región. La primera fue en 1984, hacia Cartagena. Miles de campesinos y pobladores del sur de Bolívar se movilizaron en planchones por el río Magdalena, pidiendo vías, luz y salud. Fue rechazada a la entrada de La Heroica por la fuerza pública. La segunda gran marcha fue hacia San Pablo, en 1996, exigiendo poner fin a la fumigación de los cocales campesinos y pidiendo planes de desarrollo alternativos. A los manifestantes los sitiaron por hambre en la cabecera del municipio. Por último, la marcha hacia Barrancabermeja, en 1998, contra las masacres hechas por las Auc y las ejecuciones extrajudiciales del Ejercito fue calificada por el gobierno como un intento de despeje forzado por las guerrillas del Eln, tal como se estaba dando en el Caguán con las Farc. A raíz de esa marcha los paramilitares instalaron en la región un retén en Cueva de Sapo, las masacres aumentaron y el desplazamiento campesino se generalizó.

Un tiempo atrás, el cura Clemente Verel, francés, durante 15 años párroco de Simití, vislumbrando el peligro que para la economía campesina representaban los cultivos ilícitos y las economías de enclave tanto aurífera como palmera, creó una asociación de pequeños propietarios y colonos, ASPROAS –Asociación de productores alternativos de Simití–, que comenzó con 25 socios, un pequeño capital semilla que poco después la Fundación Suiza de Cooperación para el Desarrollo, Swissaid, convirtió, con un aporte mayor, en un fondo rotatorio. Dos molinos de arroz, un comité de mujeres y una línea de crédito para huertas caseras y gallinas de patio fueron pactadas con los campesinos y hoy, después de tres lustros, se mantienen activas.

El programa del cura Verel echó raíces sobre todo en un pequeño poblado a orillas de la ciénaga de San Luis. En 1996 los campesinos que marcharon a San Pablo obtuvieron apoyo formal del gobierno para sus proyectos de sustitución de la coca, y consiguieron el apoyo el cultivo de arroz que se hace a orillas de la ciénaga y “sembrado a chuzo y recogido a hoz”. El molino comunitario facilita vender el grano limpio y no depender de las trilladoras empresariales. El problema comenzó a vislumbrarse con el TLC pues, como se sabe –el mismo ministro Restrepo lo ha dicho–,uno de los grandes perjudicados de ese tratado van a ser los arroceros, ya bastante golpeados por la triangulación.

Pero la asociación campesina decidió enfrentar la competencia cultivando variedades tradicionales como Chilimico, Cica 8 Bluebonet, canilla mono, canilla blanco, liguerito, que son muy apetecidas por su sabor, y con el “cultivo de bocachico”. Cormagdalena obsequió 5.000 alevinos y enmallaron una boca de la ciénaga para producir esta especie que, al contrario de la tilapia o la mojarra, es nativa. Este proyecto ha sido una importante gestión de Asproas dentro de un proceso de formación de conciencia a los pescadores para un manejo sostenible de las ciénagas. El gran problema que enfrentan hoy es la sedimentación y contaminación del río Magdalena que alimenta la ciénaga a través de Caño Barbudo, un caño roto por el hombre para convertirlo en pasadero de los grupos armados.

Las 27 ciénagas –un basto humedal– están interconectadas y a ellas llegan los desperdicios de la producción de cocaína y, sobre todo, las aguas sedimentadas y envenenadas con mercurio procedentes de Ánimas Bajas, la vecina zona minera. Para rematar caen al caño aguas contaminadas con gasolina que a gran escala los paramilitares sacan del oleoducto. La coca y la gasolina salen por Vijagual y Lebrija hacia los diferentes mercados.

La palma
La palma aceitera es otro de los grandes negocios en la región. Y otro de los grandes problemas. A Simití llegó por San Alberto y Puerto Wilches. El éxito económico de los primeros cultivadores incentivó su siembra en la región. Pasada la fumigación de la coca, llegó el programa Plante –programa de sustitución de cultivos ilícitos–, uno de cuyos proyectos económicos fue el de palma. La palma se expandió como la verdolaga. Las empresas palmeras entraron diciéndole a los campesinos: ‘ustedes nos dan la tierra y nosotros la ponemos a producir’. La gente aceptó porque pocas opciones tenían. Y se endeudó, respaldando las hipotecas con sus predios y el sistema financiero obligó al gobierno a titular las tierras que servían como prenda.

Las grandes fincas que por tradición eran arrendadas a los campesinos para sembrar yuca, plátano y arroz se dedicaron al nuevo cultivo, la mayoría respaldados con las famosas alianzas productivas, tal como sucedía en Catatumbo y Montes de María. Los grandes cultivadores –muchos con dineros nacidos en el narcotráfico– han ampliado su producción, comprando tierras baratas a instancias del desplazamiento de población. El programa de restitución tendrá aquí un gran trabajo de esclarecimiento.

Entre los distintos modelos de economía palmera hay un intento atractivo para los campesinos, impulsado por un político de San Pablo, Palmas del Sur S.A. Fue creado en 1999 con dineros del Plan Colombia. Los 113 socios de la sociedad compraron la hacienda Vizcaya de 1.000 hectáreas y suscribieron créditos por $1.900 millones del Banco Agrario. Cada socio debía aportar un predio de 7,5 hectáreas para acceder a los incentivos del gobierno. La empresa les prestó asistencia técnica y suministró abonos. El negocio ha tenido un aceptable desarrollo a ojos de los miembros de la asociación. El paquete en su conjunto es administrado por la empresa bajo la forma de alianza productiva. Muchos campesinos sostienen que el proyecto les salvó las tierras de manos de las autodefensas, porque el gobierno y el plan Colombia entraban en el negocio.

El modelo de Rudas inspiró el programa de Palma Campesina que lleva a cabo el Programa Desarrollo y Paz del Magdalena Medio. En los dos casos el propósito es vincular mediante las mentadas alianzas productivas a pequeños y medianos propietarios al negocio de oleaginosas, incluyendo la perspectiva de producir agro combustibles en plantas propias. El peligro que perciben los asociados, por ahora lejano, es el de una crisis de precios por sobre oferta mundial o por una caída de los precios del petróleo. En estas eventualidades, las alianzas productivas transmitirán el “crash” a las asociaciones campesinas que no podrían reconvertir su economía para defenderse de la caída de precios Así vistas las cosas, el riesgo lo corren los asociados, siendo los pequeños los más vulnerables .

En la región es ya una leyenda el caso de la Compañía Palmera Simití del Sur de Bolívar. Unos acaudalados y desconocidos empresarios llegaron a sembrar palma pero como no tenían tierra formaron la sociedad amparados por el Plante y asociaron un centenar de campesinos en Asopalma Incuagro y Aspalsur para cultivar 4.500 hectáreas también bajo la fórmula de alianzas productivas. El campesino ponía la tierra en usufructo por 30 años para que la empresa cultivara la palma, pagándole un canon de arrendamiento. Gran parte del capital se invirtió en gastos de administración y se creó una cooperativa de trabajo asociado. Todo parecía marchar sobre ruedas hasta que un día hace cuatro años los empleados de la compañía desaparecieron, dejaron a los campesinos endeudados y hoy sus fincas están a punto de ser rematadas por los bancos. Algunos han optado por asociarse con otras grandes empresas de la región. El futuro es incierto y ningún ente responde por la extraña situación.

Ánimas Bajas
La fiebre de oro regresó a Simití después de varios siglos y lo hizo por efecto de la crisis de la ganadería al aumento arruinada por la extorsión guerrillera, la fumigación de los cultivos ilícitos y la invasión palmera. El negocio de la ganadería a utilidad, generalizada en los 80, fue seriamente golpeado por el robo y la extorsión hechos por las guerrillas. La tierra se enrastrojó y desvalorizó. Fue el tiempo en el que se vendieron fincas a cualquier precio. Con la entrada del paramilitarismo la tendencia cambió de dirección, pero la mayoría de los predios no regresaron a manos campesinas.

El cultivo de la hoja de coca fue la solución para muchos pobladores, que encontraron en el negocio una alternativa rentable y relativamente fácil. Pero la fumigación y la represión policial y militar desplazaron a muchos cultivadores hacia la serranía de San Lucas, tierras aún sin ocupar por aquellos años noventa. Al mismo tiempo, el control paramilitar del territorio dio confianza a inversionistas, y la palma pelechó en las tierras más fértiles, lo que, en general, no significó una solución para los campesinos de la región en términos de empleo. Las minas de oro de Ánimas Bajas y Ánimas Altas eran trabajadas por matraqueros –llamados en otras partes barequeros– desde mediados de los 70, sin grandes desarrollos. La abrupta y radical elevación del precio del oro a comienzos de esa década, disparó de nuevo la minería artesanal y la empresarial, consideradas por el gobierno como actividades ilegales, por no cumplir los requisitos ambientales y técnicos determinados por los códigos.

La explotación aurífera tiene en la región tres socios. El dueño o poseedor tradicional del terreno, el matraquero y el dueño del entable. Sobraría decir que ninguno tiene un título minero. El material aurífero de aluvión no es superficial. Se necesita, por regla general, descapotar el área de explotación, revolcar la tierra, trabajo este que no puede llevarse a cabo sin maquinaria pesada –buldóceres, retroexcavadoras–. Razón por la cual la explotación asume carácter empresarial: una retroexcavadora cuesta $300 millones. Hay más o menos 40 de ellas provenientes la mayoría de zonas mineras tradicionales como El Bagre, Zaragoza, Segovia. Los poseedores de los “placeres” –o tierras auríferas– arriendan a los dueños del entable una determinada superficie para ser explotada, con un canon que oscila entre el 10% y el 12% de lo obtenido en oro limpio y la condición de que permitan el matraqueo, o sea, el trabajo del barequero.

Sobra decir que ejercen también una celosa vigilancia sobre el rendimiento de los entables. Estos dispositivos suponen uno o dos “retros”, un par de bombas de agua, una elevadora, una tolva y una zaranda. Toda el agua que usan para la explotación, ya mezclada con mercurio y cianuro para recoger el metal, va a un estanque gigantesco antes de ser vaciada a las quebradas y las ciénagas El Popal y Santo Domingo. Los sitios de trabajo se convierten en gigantescas cárcavas donde la recuperación vegetal es lentísima o imposible. Los matraqueros desarrollan su labor con bateas en tierra removida, o por remover, con un enorme peligro para sus vidas. No son pocos los que quedan sepultados bajo los barrancos. El rendimiento logrado es discreto, quizás un gramo, un gramo y medio diario, que venden al dueño del entable o a los comerciantes, que revenden usualmente en Medellín o en Santa Rosa del Sur, Bolívar.

El oro es declarado como extraído en Santa Rosa, por tanto el municipio no se beneficia de las regalías. Es previsible que declaren mucho menos oro del que negocian, para evadir impuestos, o mucho más, para lavar dineros ganados en el comercio de narcóticos. Desde fines de los años 80 fue decretada la libertad de negociación del oro. Los tres socios son íntimamente solidarios frente a las autoridades o contra ellas. Confiscar maquinaria es una medida peligrosa e inútil porque las máquinas no son neutralizadas y no pueden ser transportadas a lugares donde la Policía pudiera impedir su desguace. El gobierno se ha declarado impotente para controlar la minería ilegal, pese a que existe una ley (1450 de 2011) y unas autoridades competentes para hacerla cumplir.

Los mineros y la gente de los pueblos teme que las zonas auríferas sean tituladas a las multinacionales y se han organizado para enfrentar la eventualidad. Pocas dudas caben de que la “nueva minería” impulsada y defendida por el gobierno, considerada legal quedará en manos de las grandes compañías. La última determinación del gobierno de declarar territorios mineros estratégicos y por tanto de utilidad pública a más de 20 millones de hectáreas ha puesto en guardia tanto a los mineros artesanales como a los ilegales. El conflicto queda planteado.

El germen del Bloque Central Bolívar
A mediados de 1998 Rodrigo Pérez Alzate, alias Julián Bolívar, llegó a Simití con la misión de implantar allí el modelo paramilitar de la casa Castaño. De tiempo atrás la criminalidad había puesto sus ojos en esta región entre Antioquia y Bolívar, gracias a su privilegiada ubicación entre el río Magdalena y la serranía de San Lucas y a sus yacimientos auríferos.

El 11 de junio de 1998 cerca de 100 hombres arribaron al corregimiento de Cerro Burgos, mataron a tres personas y dieron aviso a los pobladores de que los paramilitares habían llegado para quedarse. Ese fue el germen del Bloque Central Bolívar, una de las facciones más poderosas de las autodefensas, que se expandió a siete departamentos y dejó, según las autoridades, alrededor de 14.000 víctimas.

‘Ad portas’ de un nuevo paro minero
Con la consigna “Defendamos la vida, frenemos la locomotora minero-energética”, los pequeños mineros del país, entre otros sectores, pararán el próximo 1° de agosto para protestar contra las multinacionales mineras y exigirle al Gobierno que cumpla con los acuerdos a los que se llegaron el 30 de noviembre pasado en el marco del último paro minero, entre ellos el de avanzar en la formalización de los mineros artesanales que hoy son considerados ilegales.

En un comunicado en el que se invita a la movilización, los manifestantes aseveran que “cerca de 2 millones y medio de personas que subsisten de la pequeña minería desde hace, muchas décadas, enfrentan la persecución del Gobierno”, de acuerdo con ellos, “el propósito es entregar esas explotaciones mineras a las transnacionales, quienes en muchos casos ya tienen títulos sobre las actuales áreas mineras tradicionales”. Al respecto, el Gobierno prepara un nuevo Código de Minas y ha dicho que la formalización será su prioridad.

Publicado en Prensa Rural.

lunes, 16 de julio de 2012

Organización Femenina Popular. 40 años defendiendo la vida

A continuación reproducimos la invitación de la Organización Femenina Popular para hacerse partícipes de la celebración de 40 años de lucha y resistencia.



Barrancabermeja, 20 de mayo de 2012

Estimadas compañeras y compañeros, 

Mediante la presente comunicación les extendemos formalmente la invitación a participar en los actos organizados con motivo de la conmemoración del 40 aniversario de la Organización Femenina Popular, el próximo día 20 de julio de 2012 y en otras actividades que realizaremos durante todo el año.

Nuestro proceso organizativo, social y político de mujeres nació en el municipio de Barrancabermeja, Colombia, en 1972. Desde entonces, hemos trabajado desde la resistencia activa al conflicto armado y a toda forma de violencia por la defensa de la vida digna y los derechos integrales de las mujeres y sus pueblos, mediante la organización, formación y movilización popular como única posibilidad de transformar la realidad y conseguir la paz con justicia social en Colombia. Este trabajo se materializa en diferentes áreas: salud integral, formación, jurídica, productiva, seguridad y soberanía alimentaria, vivienda digna… Todas ellas, en conjunto, propician un proceso de empoderamiento de las mujeres, de elevación de la autoestima y de cualificación de la capacidad de incidencia pública.

En estos 40 años de defensa y lucha por los derechos de las mujeres, hemos desarrollado diferentes estrategias de resistencia, desde la civilidad y la autonomía, para continuar nuestra labor, a pesar de la crudeza del conflicto social y armado, que se agudiza en las mujeres, principales víctimas de la violencia de los actores armados y a pesar de las persecuciones y amenazas que hemos sufrido y seguimos sufriendo las defensoras y defensores Derechos Humanos en Colombia.

Nuestra principal estrategia, la base de nuestra resistencia, reside en las alianzas y redes de solidaridad entre las mujeres y las organizaciones sociales, nacionales e internacionales, que nos permiten visibilizar y denunciar las situaciones que se viven en la región más allá de nuestras fronteras. Es precisamente esta solidaridad la que nos impulsan a seguir construyendo y luchando por un país diferente, la que nos permite existir y seguir resistiendo después de 40 años.

Por todo ello, este 40 aniversario queremos dedicarlo a las redes solidarias y fortalecer así nuestros lazos y nuestra colaboración. Por eso, en agradecimiento a su inestimable apoyo durante estos años, invitamos a su organización a ser parte activa en la conmemoración de nuestro aniversario, bien a través de la asistencia física a los actos del día 20 de julio de 2012 en Barrancabermeja, bien a través de pronunciamientos, cartas y mensajes de respaldo al trabajo de la OFP, publicados en la red o dirigidos por cualquier otro medio a la comunidad y a las autoridades correspondientes, o bien a través de un aporte económico que nos permite llevar a cabo los actos programados.

Esperando poder contar con su participación en este importante evento, aprovechamos la ocasión para enviarles nuestro más cordial saludo.

Atentamente,

Gloria Amparo Suárez,
Representante legal y coordinadora regional

Sería muy grato que nos remitieran sus mensajes de apoyo a cualquier de nuestras direcciones para poder hacerlos visibles de manera conjunta el día del aniversario.

Datos de Contacto
Correo electónico
femenina@colnodo.apc.org
Dirección
Carrera 36 E 53‐37
Barrio Santander,
Barrancabermeja, Magdalena Medio,
Colombia
Contacto internacional
ofpvalencia@gmail.com
Telefax+57 7 610 28 79

miércoles, 11 de julio de 2012

Campesinos de Hacienda La Pavas denunciaron invasión y atropellos


Tomado de vanguardia.com
Marcelo Almario Chávez

La Asociación de Campesinos de Buenos Aires, Asocab, advirtió a las autoridades y opinión pública sobre las supuestas acciones que violan sus derechos y amenazas proferidas por la empresa palmera Aportes San Isidro, esto con apoyo de la Confederación General de Trabajadores, CGT, y la Federación Sindical Nuevo Liderazgo Campesino.

Misael Payares Guerrero, miembro de la asociación, y quien en 2003 abandonó el sector tras la supuesta incursión paramilitar del Bloque Central Bolívar, indicó que desde el retorno de los campesinos, estos han venido sufriendo hostigamientos, daños en los cultivos, destrucción de ranchos y alambres de cercas, pérdida de ganado y amenazas contra sus vidas.

“Esta empresa no respeta los convenios establecidos con el Estado. Somos 116 campesinos miembros de la asociación pero hay unas 450 personas que reclaman las tierras”, explicó Payares Guerrero.

Sobre tal situación, el propio ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, dijo en las últimas horas a Vanguardia Liberal que de existir inconvenientes se solicitará el concurso de la fuerza pública para que protejan a los campesinos.

Entretanto, el Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural, Incoder, aseguró que es arbitraria la invasión que está promoviendo la empresa Aportes San Isidro, e hizo un llamado a las autoridades para que detengan estas acciones (Ver recuadros).

Asimismo, los propios campesinos advirtieron que en los últimos días la comunidad ha escuchado comentarios sobre una inminente entrada de la empresa para sembrar palma en los territorios que aún se encuentran en conflicto.

“Hacemos un llamado urgente a las autoridades colombianas para que prevengan la invasión que pretende llevar a cabo la empresa Aportes San Isidro, que vienen promoviendo en las comunidades campesinas aledañas la entrada a los predios para sembrar palma, ofreciendo a los campesinos altas sumas de dinero”, dijo Misael Payares.

Finalmente, el representante legal de la empresa Aportes San Isidro, José Ernesto Macías, aseguró que son propietarios legítimos de los predios, los cuales según él fueron adquiridos en 2006 (Ver recuadros).

Invasión arbitraria
La gerente general del Incoder, Miriam Villegas Villegas, señaló que en la actualidad su despacho adelanta un proceso de extinción de dominio sobre los predios y ya se ordenó a la fuerza pública a proteger los derechos de los campesinos ante la “acción arbitraria que está promoviendo la empresa Aportes San Isidro”.

“Es arbitraria la invasión que está promoviendo la empresa Aportes San Isidro, según lo que nos denunció la Asociación. Nos informa la policía que hay más o menos 150 hombres que con tractores han venido tumbando y dañando los cultivos de pan coger y las cercas de los asentamientos de los campesinos, y nosotros hemos hecho el llamado de atención a las autoridades para que se impida de manera inmediata”, denunció la funcionaria.

La Gerente General del Incoder dijo que estas acciones se adelantan porque el proceso de extinción está en curso, lo cual impide que la empresa en cuestión mediante vías de hecho quiera “saltarse” la autoridad que está en cabeza del Incoder.

“Porque con esas obras que ellos están haciendo lo que quieren hacer es hacer un fraude al proceso de extinción del dominio, porque ellos quieren que cuando vayamos a hacer la inspección veamos que hay cultivos. No había cultivos y esa es la situación fáctica actual. Ellos quieren transformar la realidad para poder incidir negativamente en la decisión que nosotros vayamos a tomar y eso en cierta forma es un fraude en el proceso, por eso nosotros hemos pedido a la policía protección a los campesinos”.

Se protege al campesino
El ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, le advirtió a Vanguardia Liberal que en este caso si hay cualquier inconveniente con amenazas se solicita el concurso de la fuerza pública para que protejan a los campesinos. “Se están aplicando todos los procedimientos para buscar la expropiación por uso indebido ambiental de esas tierras por los que están… y proteger a los campesinos en todo lo que sea del caso. Esa es la línea que tiene el Incoder”, aseguró el Ministro de Agricultura.

Sobre el proceso de extinción de dominio
Acerca del proceso de extinción de dominio, el Incoder advirtió: “Hemos adelantando en diferentes procesos una extinción del dominio por vía agraria. Esa extinción la estamos haciendo porque los predios están en una situación de inexplotación económica, para poder después adjudicarlo a quien quiera hacer uso de las propiedades. El proceso inicio hace muchos años. Había concluido en 2009 y una sentencia de tutela, la T – 267, de la Corte Constitucional nos ordenó reabrir el proceso”, dijo la gerente general del Incoder, Miriam Villegas Villegas.

La funcionaria agregó que ayer su despacho expidió un oficio dirigido al comandante del Departamento de Policía de Bolívar, coronel Jorge Vargas, dándole instrucciones de cómo proceder frente a estas acciones denunciadas por la asociación campesina.

Responde Aportes San Iisdro
El representante legal de la empresa Aportes San Isidro, José Ernesto Macías, aseguró que son propietarios legítimos de los predios, los cuales según él fueron adquiridos en 2006. “Sobre ese predio no existía ninguna reserva por parte de Incoder ni ninguna otra entidad del Estado, de hecho ellos fueron los que nos invadieron a nosotros en 2009, argumentando que estaban adelantando un supuesto retorno”, explicó. Macías argumentó que la Fiscalía General de la Nación adelantó la investigación y en noviembre de 2011 expidió el fallo respectivo manifestando que en esa finca nunca había existido ningún desplazamiento. “Los que tienen denuncios son ellos de parte nuestra por invasión de tierras y tienen denuncios de esta Fiscalía, que compulsó copias para que los investiguen por fraude procesal”, resaltó el Representante Legal de la empresa Aportes San Isidro. Macías informó que la Fiscalía de Bucaramanga adelanta una investigación y que su empresa espera el fallo de esta y de los procesos que en la actualidad realizan el Incoder y Instituto Geográfico Agustín Codazzi, IGAC. “Nosotros no estamos haciendo ninguna amenaza, eso me parece un denuncio temerario. No sé si he sido objeto de esas acusaciones, pero si es así las atenderé y estableceré las respectivas querellas judiciales”, puntualizó.

miércoles, 6 de junio de 2012

La solidaridad de un desplazado



El 16 de septiembre de 2001 un grupo de paramilitares llegó al corregimiento de Las Frías, en el municipio del Falan al norte del Tolima y asesinó a 13 campesinos, señalándolos de guerrilleros.  En realidad eran hombres que habían participado en el movimiento campesino que, desde mediados de los años noventa, le había exigido al gobierno soluciones para la crisis cafetera en su región.  Germán Bedoya quien era para entonces presidente de la Asociación de Pequeños y Medianos Agricultores del Norte del Tolima, Asopema, fue a recoger a sus colegas muertos, cuando le avisaron que a él también lo buscaban para matarlo. Tuvo que irse de inmediato.

Desde hacía seis años, Bedoya, con apenas 26 de edad,  ya era un reconocido líder campesino en el norte del Tolima. En poco tiempo había pasado de ser un humilde agricultor que colaboraba con la siembra de café en la finca de su familia, en el Líbano, a encabezar una manifestación de 15 mil campesinos en el parque central de Ibagué.  “El gobierno nos dijo que había que cambiar la variedad de café que sembrábamos –le contó hace unos días Bedoya a VerdadAbierta.com –.  Nos hicieron endeudar en ese proceso y en ese momento llegó la broca y nos quebró.  Nos iban a quitar las fincas por las deudas, por eso salimos a protestar”.

Los campesinos crearon Asopema, una organización que buscaba hacerle cumplir al gobierno los compromisos adquiridos con ellos desde 1995. Pronto, sin embargo, los empezaron a señalar de ser guerrilleros. Pocos meses después de que el paramilitarismo fundara su Bloque Tolima en 2001,  el paramilitarismo creó el Bloque Tolima que se inauguró amenazando a los líderes de la protesta de los cafeteros. Después vino el asesinato y desplazamiento forzado de Bedoya y de muchos otros, según dijo Cristina Pardo, activista de Derechos Humanos, cercana al ex líder de Asopema.

Bedoya comenzó a trabajar para el Coordinador Nacional Agrario, CNA, una ONG que reúne a 13 asociaciones de campesinos de distintos lugares del país. Su tarea era conseguirles nuevos hogares a las familias que estaban huyendo de su Tolima por el terror.  “Él me recibió en Bogotá, nos consiguió ayudas para subsistir y luego nos ubicó un trabajito en otra zona del país para que comenzáramos nuestra vida de nuevo”, cuenta Tenaura Hernández, una de las víctimas del desplazamiento en el norte del Tolima.

Con el CNA, Bedoya logró tener el acompañamiento de varias ONG de Derechos Humanos internacionales, para ayudar a los campesinos desplazados, según cuenta Stephanie Andrade Porras, catedrática de la Universidad del Tolima, que ha investigado el trabajo de Asopema.  “Germán es un referente de supervivencia”, dice la investigadora.  “No pudo volver al Tolima, porque el miedo destruyó los espacios locales para la organización campesina”

Bedoya continúa en el CNA y desde hace un par de años trabaja en el Chocó con comunidades afro que han sido desplazadas de sus tierras.


jueves, 31 de mayo de 2012



V SESIÓN DE LA ESCUELA POLÍTICA INTERCULTURAL "SEMBRANDO RESISTENCIAS" DEL COORDINADOR NACIONAL AGRARIO CNA








El corregimiento de la victoria  municipio Cantagallo Sur de Bolívar y las comunidades campesinas Agromineras que allí viven organizadas en la Asociación de Familias Agromineras del Sur de Bolívar AFASBA dieron la bienvenida con la calidez y la alegría que  siempre los caracteriza a los estudiantes participantes de la V Sesión de la Escuela Política Intercultural Sembrando Resistencias  del Coordinador Nacional Agrario de Colombia CNA.

A esta escuela llegaron desde Nariño, Valle, Huila, Choco, Tolima, Antioquia, Catatumbo, Sur de Bolívar, Cundinamarca, y Bogotá  a la ciudad petrolera  Barrancabermeja, y  desde allí  navegando sobre las aguas majestuosas del imponente río grande de la Magdalena,  llegaron a las hermosas frescas y torrentosas  aguas del río Cimitarra que,  lleno de vida conduce hacia la comunidad de la victoria; los estudiantes  y facilitadores cargados de cansancio corporal por días de recorrido pero llenos de energías y expectativas para el aprendizaje, analizaron  la coyuntura, profundizaron sobre megaproyectos, infraestructura,  monocultivos  como también herramientas sobre la planificación y los principio  éticos y organizativos que deben tener los lideres en su ser y actuar.

En medio del inmenso calor, los mosquitos que visitan por nubes, intercambiaron por medio del convite productos autóctonos de las regiones, anécdotas de la vida diaria los sueños e ilusiones de un país mejor de un país digno soberano y libre.

Con la mística del reconocimiento cósmico ancestral, y un baño en el  charco el saltillo se reafirma  el compromiso por la defensa de este y todos los territorios y los pueblos de Colombia y del mundo.

Luego con la alegría característica del campesino, la campesina, el afrodescendiente y el indígena inician el retorno con la tarea de desdoblar lo aprendido y a prepararse para las próximas tareas que demandan el esfuerzo organizativo.









lunes, 21 de mayo de 2012

La música sigue sonando y el río sigue cantando.







Con una amplia participación de las delegaciones y el cálido aplauso del público las presentaciones del  primer día llegaron a su fin a las once de la noche.

Pero la fiesta no termina, continuará hoy a partir de las ocho de la mañana con la continuación del campeonato de fútbol y más actos culturales.

Imágenes de la comparsa por el municipio con la que se dio inicio al Pre-Festival del Río Grande de la Magdalena.







domingo, 20 de mayo de 2012

Imágenes de la primera jornada.








San Pablo, Bolívar.
Mayo 20 de 2012.

Comunicado N° 1.

A  las doce del medio día se dio inicio al Pre-Festival del Río Grande de la Magdalena con la participación de comunidades, organizaciones sociales y grupos culturales de los municipios de Cantagallo, San Pablo, Arenal, Rio Viejo, Regidor y Morales del Sur de Bolívar y como invitados especiales las comunidades agromineras del Bajo Cauca representados por ASOAGROMICAUCA, para resaltar las diversas expresiones culturales de la región y para reafirmar la importancia que tiene el río en nuestra vida y en la construcción de territorio.

EL RÍO ES VIDA, NOS REGALA ALIMENTO, ES NUESTRO ALIADO EN LA CONSTRUCCIÓN DEL TERRITORIO.

Las comunidades participantes de este espacio determinan :

Pre-festival del Río Grande de la Magdalena
El festival del río grande de la Magdalena es una propuesta construida desde los distintos actores sociales que vivimos alrededor del río: mineros, arrieros, campesinos, pescadores, así como también de aquellos que nos identificamos con el territorio que hace parte de la cuenca del río Magdalena y Cauca, con el propósito de reconocerlo como parte de la cultura del ser campesino y escenario de construcción de la historia nuestras comunidades que encierra desplazamiento, conflicto, muerte; resultados de proyectos planteados para los propósitos de actores externos, los cuales no son compatibles con los intereses  de quienes proyectamos en nuestro espacio de vida desde lo económico, lo cultural, la movilidad y la religiosidad una fuente de existencia y solidaridad entre  las personas que habitamos. 

El festival apropia la cultura ribereña, para presentar y expresar desde los anhelos y aportes de nuestros abuelos, niños,  mujeres la perspectiva del río como elemento del buen vivir: entendiendo que el buen vivir, para nosotros es la propuesta que nace desde las necesidades más sentidas de nuestra comunidad para plantearnos estrategias que nos permitan avanzar y construir nuestras apuestas de vida de una forma autónoma y apropiada a nuestra cultura, en la que se resalte la identidad que permanece desde la tradición y la memoria de nuestros abuelos, colonos, campesinos, mineros y arrieros, la cual encierra la historia de generaciones de nuestro pueblo en la región.

Desde la cultura se abren los espacios para vincular la identidad, la tradición y la memoria, con el ideal de rescatarla, mantenerla y transmitirla mediante los distintos espacios de encuentro y convergencia; fortaleciendo los lazos de hermandad, como habitantes y protectores comunes del territorio. Es así como a través de nuestras trovas, coplas, bailes manifestamos la realidad que vivimos, así como los propósitos de transformación que soñamos para esta.

El Festival del Río como espacio de encuentro cultural, permite la integración de los distintos actores sociales que habitamos la región, desde nuestra diversidad étnica, de practicas económicas y productivas, religiosas,  generacional para que desde la práctica del reconocimiento y respeto podamos construir unidad en nuestras diarias vivencias territoriales. Es así como concebimos los espacios del festival del río, como puntos de encuentro que construyan alternativas a las distintas problemáticas que nos aquejan; entendiendo que quienes habitamos esta región hacemos parte, igualmente de un territorio nacional y que todos quienes lo componemos, dependemos de la existencia de la cuenca de los ríos, montañas, valles, y demás espacios naturales que posibilitan nuestra vida, sabiendo que enfrentamos las mismas problemáticas en estos diversos espacios.
Este festival es de todos, porque somos todos quienes lo soñamos y participamos en su diseño, realización  e impulso, ya que representa una parte importante de la vida de cada participante; de esta manera, los artistas y el público, nos identificamos de la misma manera como gestores del festival.

Históricamente, el festival ha sido una reivindicación de la existencia del rio y de quienes lo habitamos y vivimos con él; han sido muchas personas, organizaciones sociales e institucionales quienes han contribuido a su realización. Actualmente, AFASBA, ASAMIS-SUR, ASOAGROMICAUCA Y CONSEJO PERMANENTE CAMINANDO LA PALABRA nos vinculamos a la realización de este pre-festival, con la intensión de sumarnos a este proyecto de integración cultural a nivel regional,  buscando que cada vez la participación sea más amplia y sea asumido por todos y todas quienes vivimos en este territorio para: rescatar la historia, reconocer el presente y generar alternativas de futuro con la perspectiva de construcción e integración de territorio y ejercicio de poder colectivo sobre todas las relaciones construidas en nuestro río.

Como parte de la comunidad ribereña, nos reconocemos sabedores de una cultura propia, la cual desde los aportes históricos de  indígenas, negros y colonos que habitaron estos territorios se ha ido enriqueciendo y conservando a través del aprendizaje mutuo entre niños y adultos, vinculando la experiencia con la necesidad de aprender, en torno a las practicas cotidianas que nos posibilitan reivindicar el territorio y construir nuestra propia territorialidad.        
Finalmente, como organizaciones sociales hacemos un llamado a los habitantes del Sur de Bolívar, Magdalena Medio y Bajo Cauca y demás organizaciones sociales existentes en la región, para encontrarnos nuevamente en la propuesta de Festival del Rio, con el objetivo de fortalecer el tejido social, y recuperar  el rio Magdalena, para la VIDA, DIGNIDAD y para la construcción de nuestros planes de vida comunitarios.

Atentamente:
Asociación de Familias Agromineras del Sur De Bolívar y Antioquia (AFASBA)
Asociación Agrominera del Sur, Sur Bolívar (ASAMISUR)
Asociación Agrominera del Bajo Cauca (ASOAGROMICAUCA)
Consejo Permanente Caminando la Palabra por un Nuevo Sur de Bolívar








martes, 15 de mayo de 2012



Pre-festival del Río Grande de la Magdalena

Este ha sido un evento histórico por el rescate de la cultura, la identidad y la vida construida por quienes habitan y han habitado ancestralmente la región del Magdalena Medio. Varias organizaciones sociales en diferentes épocas de la historia reciente han promovido la realización del festival y es necesario reconocer el esfuerzo que ellas han realizado hasta el momento. En la actualidad varias organizaciones sociales, entre ellas: AFASBA, ASAMIS-SUR, ASOAGROMICAUCA y CONSEJO PERMANENTE queremos sumarnos a este esfuerzo de muchas y muchos por rescatar nuestra identidad, defender el territorio y su relación con el río, y la permanencia de quienes habitamos en él.

Como organizaciones sociales hacemos un llamado a los habitantes del Sur de Bolívar, Magdalena Medio y demás organizaciones sociales existentes en la región, para encontrarnos nuevamente en la propuesta de Festival del Río con el objetivo de fortalecer el tejido social y recuperar el río Magdalena para la VIDA, para la construcción de nuestros proyectos de vida comunitarios.

El 20 y 21 de mayo lanzamos el pre-festival del río en San Pablo, Sur de Bolívar, con el propósito de revivir esta expresión cultural de la región. Queremos enriquecer a un más esta iniciativa y esperamos que las propuestas de los habitantes de la región y sus organizaciones sociales nutran y hagan realidad en esta dinámica social y cultural. Los invitamos a construir entre todos y todas el Festival del Río Grande de la Magdalena.

Porque la identidad, la vida digna, el territorio, el río Magdalena, la organización comunitaria y nosotros como seres humanos hacemos parte del tejido social a reconstruir.

El río es vida, nos regala alimento, es nuestro aliado en la construcción de nuestro territorio.


Invitan:





Luego de un largo periodo de ausencia, retomamos este espacio para difundir y comunicar las activiades y noticias de esta hermosa región

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Minería en Colombia. PBI

"Colombia es uno de los países con más biodiversidad en el mundo y alberga a más del 10% de las especies de plantas y animales mundiales. Pero hoy día, el 40% del territorio colombiano está concesionado o solicitado por empresas multinacionales para realizar proyectos de extracción de minerales e hidrocarburos, lo cual refleja la intención del Gobierno colombiano de convertir el país en una potencia minera y que tiene consecuencias significativas para el ecosistema y las comunidades rurales.
Con el objetivo de estimular el desarrollo del sector minero el Gobierno ha promovido cambios normativos que han abierto camino para la intensificación de la explotación minera ya que
declaró la minería como una «actividad de utilidad pública y de interés social», lo que permite la expropiación unilateral de bienes. También declaró la lucha contra la minería «ilegal» y concedió títulos mineros en zonas protegidas como páramos, resguardos indígenas y territorios colectivos afrodescendientes."



La comunidad de El Garzal (Sur de Bolívar) denuncia posible apropiación ilegal de tierras del Estado y una amenaza de desalojo


La comunidad campesina de El Garzal, unas 380 familias, sostiene que necesita la titulación de las tierras donde vive y trabaja hace más de 50 años. Así lo expresaron todas las intervenciones de pobladores durante la visita de una Misión de Verificación sobre derechos humanos el 5 de diciembre a la vereda Nueva Esperanza (corregimiento El Garzal, municipio de Simití, Sur de Bolívar). Y la necesitan porque el Juez Promiscuo de Simití validó en septiembre unas escrituras que Manuel Enrique Barreto consiguió en Notarías de Bogotá, Cartagena, Simití y Mompox sobre unos bienes de la Nación con carácter inalienable por ley.
La preocupación del campesinado no es menor pues resulta que El Garzal es uno de los últimos rincones del Sur de Bolívar donde la concentración de la tierra es mínima. Así mismo, este corregimiento es de los pocos que destina el 100% de sus tierras a la producción de alimentos.
El Garzal es uno de los últimos rincones del Sur de Bolívar donde la concentración de la tierra es mínima.
Esta decisión judicial y la amenaza de desalojo chocan de frente con las 64 resoluciones de adjudicación que el Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural (Incoder) otorgó a familias campesinas en 1999 en Simití. Barreto, que se encuentra también involucrado en el despojo de tierras del predio Guasimales(municipio Córdoba, Bolívar), solicitó en 2005 la revocatoria directa de todas las adjudicaciones con lo que además bloqueó las 130 pendientes de resolución. Antes, en febrero de 2004 la familia Barreto Esguerra interpuso ocho demandas posesorias contra las comunidades campesinas del corregimiento El Garzal que desembocan en esta amenaza de desalojo.
El 22 de septiembre de 2011 el Juez Promiscuo de Simití reconoció la validez de estos títulos a través de un acta de inspección ocular cuyo objetivo era identificar la correspondencia de algunos de estos títulos con el globo de terreno que integra el corregimiento de El Garzal. Para ello designó un perito que debía verificar los linderos de los predios y quien señaló que estos correspondían a los límites mismos del corregimiento de El Garzal. Un habitante de la vereda afirmó al respecto: «La inspección la hicieron desde el río, sin pisar la tierra; desde el río Magdalena entró por Caño Barbudo, siguió por la quebrada Santo Domingo y volvió a salir al río de nuevo. ¡Así comprobó los terrenos de Barreto! Y ahí metió todas las ciénagas».
Esta irregularidad se pone a la fila porque resulta que Barreto tiene en su propiedad los títulos de 13.000 hectáreas para un territorio real de más de 9.000 hectáreas. Repetimos: Enrique Manuel Barreto logró la escrituración de todo El Garzal y los títulos superan en extensión la totalidad del corregimiento.
Asamblea de habitantes de El Garzal junto con miembros de la misión en Nueva Esperanza.
Eso sucedió porque la segregación de los predios La Carolina y el Lote Pita de 2.500 hectáreas cada uno en 14 terrenos diferentes y su venta en 1986 aumentó las hectáreas; y Los Aliados tiene los mismos linderos y extensión que La Carolina, es decir, es el mismo predio pero con otro registro diferente. Este corregimiento está compuesto por 5.000 hectáreas aproximadamente de tierras baldías y otras 6.000 hectáreas aproximadamente que corresponden a cuatro complejos cenagosos y humedales.
Los representantes judiciales de la comunidad advierten que «existen graves indicios que minan la independencia judicial del juez de conocimiento en tanto existen lazos económicos y familiares de primer grado que deberían impedirle e inhabilitarle de manera directa en el desarrollo y continuidad del procedimiento judicial». El abogado que tramitó los registros irregulares a favor de Martín Barreto es padre del juez encargado del caso en Simití que, según fuentes extraoficiales del juzgado, pretende desalojar la vereda Nueva Esperanza el próximo martes 13 de diciembre.
Los apoderados insisten en que el Incoder tiene que intervenir para defender los terrenos baldíos de la Nación. Además, El Garzal estuvo dentro del llamado “Plan de Choque” que el Gobierno nacional publicitó en octubre de 2010 para restituir las tierras a las comunidades que habían sido despojadas a causa del conflicto armado.
Resistencia al despojo
El abogado de la comunidad insiste en que el Incoder tiene que intervenir para defender los terrenos baldíos de la Nación
Las comunidades campesinas de El Garzal han denunciado el caso ante diversas instancias policivas y judiciales y han intervenido tanto en procesos civiles agrarios como en trámites administrativos para lograr la protección y garantía de los derechos a la tierra y al territorio. Así mismo, estas comunidades han recurrido a instancias internacionales con el objeto de lograr la protección de la vida e integridad de las familias que las componen.
Fruto de estas iniciativas ha sido esta Misión de Verificación en la que participaron un docena de personas delegadas de la Iglesia Unida de Cristo de los Estados Unidos, miembros de la Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo y la Embajada de Suiza; por parte del Estado participó un miembro de la Defensoría Regional del Pueblo.
Las organizaciones nacionales e internacionales que acompañaban esa misión fueron el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, JUSTAPAZ, SWISSAID, Pastoral Social, ECAP, SUIPPCOL, ASK!, delegados regionales de la Red de Iniciativas y Comunidades de Paz y la Fundación Chasquis.
Los participantes en esta misión escucharon el relato de los pobladores que insistieron que desde 1998 no vivían en paz a causa del inicio de la incursión paramilitar en la región: «No se desmovilizaron, sino que se legalizaron», fue la frase de un campesino para referirse a las estructuras paramilitares del Bloque Central Bolívar. Otra campesina que había llegado a la región con su familia hacía más de 30 años declaraba: «Estas tierras no tenían dueño y todo el que llegaba podía trabajar».
Paramilitarismo en la región
Miembros de la comisión internacional de Estados Unidos conociendo el cacao que produce el campesinado de El Garzal.
Los pobladores sienten temor ante las constantes amenazas paramilitares. Afirman que en las ultimas semanas el aumento de la presencia de grupos paramilitares dentro de El Garzal, las amenazas y seguimientos dirigidos contra miembros de la comunidad los colocan en una grave situación de vulnerabilidad y en un inminente riesgo de desplazamiento y despojo de tierras.
Estos hechos han obligado a la Defensoría Regional del Pueblo a reiterar en informes de riesgo que existe una alta probabilidad de un desplazamiento forzado inminente en concurso con otras violaciones a los derechos humanos para la población del corregimiento en los próximos meses. De hecho el Informe de Riesgo número 015-07 A.I. del 15 de junio de 2007 del Sistema de Alerta Temprana de la Defensoría del Pueblo señala El Garzal como uno de los corregimientos con riesgo alto de desplazamiento. Ese informe es plenamente corroborado por un reciente informe de riesgo inminente de la Defensoría del Pueblo, circulado a principios de diciembre, que advierte la grave amenaza de despojo de tierras, desplazamiento forzado, asesinatos, entre otras eventuales violaciones a los derechos humanos de las comunidades de El Garzal.
Olla comunitaria para el almuerzo. El Garzal es de los pocos corregimientos en la región que destina el 100% de sus tierras a la producción de alimentos.
Además, El Garzal ha sido un punto de conexión terrestre y fluvial para las rutas del narcotráfico y el tráfico de armas. Desde la década de los 80 se instala un gran centro para el acopio y embarque aéreo de la coca producida en Santa Rosa y Simití en la finca La Sucumbeza de Nueva Esperanza. Los pobladores declaran que Manuel Enrique Barreto era quien administraba ese centro hasta que en 1989 la Fuerza Pública intervino los predios.
Con el control paramilitar, los pobladores aseguran que Barreto vuelve a la zona para encargarse de nuevo del negocio. El 28 de mayo de 2008 la Fuerza Pública halló material bélico, fusiles, munición y prendas privativas del Ejército en inmediaciones de la finca La Carolina, propiedad de la familia Barreto y ubicada en la vereda de la Nueva Esperanza.